sábado, 10 de febrero de 2018

Yoshihiro Suda, Chiharu Shiota

Yoshihiro Suda, Chiharu Shiota : Mínimum,  Máximum





Yoshihiro Suda / CHiharu Shiota

Japón y mas en concreto su arte se ha destacado siempre por su entrega al detalle, a la delicadeza, al trabajo bien hecho y a conciencia, a no dejar ningún ápice sin resolver sea en la disciplina que sea. Como cultura oriental que es, uno de sus grandes pilares y fundamentos se basan en la observación y el análisis, de esta manera el resultado de esa simbiosis con uno mismo, con el otro, con la naturaleza sea bien física o psíquica se traducen -cuando de artistas se trata- en obras con un perfecto acabado, minuciosas (no en el sentido de “minutia” que designa algo sumamente pequeño, diminuto), sino las que son realizadas en conciencia plena con máximo detalle y esmero, llegando hasta el más ínfimo detalle. Este es el caso de dos artistas japoneses: Yoshihiro Suda (Yamanashi, Japón, 1969)  y Chiharu Shiota (Osaka, Japón, 1972). Les une que ambos llevan en su genes Japón, ambos realizan instalaciones y ambos trabajan con materiales orgánicos, Suda la madera de magnolio y Shiota el hilo.


Yoshihiro Suda . Morning Glory (2008)

CHiharu Shiota es una artista japonesa mayoritariamente dedicada su obra artística a  la performance e instalaciones. Vive y trabaja en Berlín desde 1996. Yoshihiro Suda vive y trabaja en Tokyo.


Yoshihiro Suda  2017 (Galeria Elvira González)/ Chiharu Shiota “Boats sailing in the sky" at Open Art Biennal, 2017, Örebrö, Sweden,

Yoshihiro Suda se mueve en el campo de las instalaciones, pero al contrario de su compatriota, -que las realiza a gran escala, invadiendo fachadas, espacios enteros de una galería, - Yoshihiro produce obras que a primera vista parecen imperceptibles, son de tamaño minúsculo, pero sin llegar a ser miniaturas. Minúsculo, me refiero ante el vacío inmenso  que supone entrar en un blanco e inmaculado espacio vacuo de una galería de arte, el tener que forzar y esforzar la mirada hasta dar con unas pequeñas hojas, flores, plantas que emergen de la pared o del suelo. Sus piezas tan cercanas al hiperrealismo son sin embargo grandes reproducciones de la naturaleza, elaboradas en madera que al divisarlas de cerca se convierten en verdaderos pedacitos extraídos de la naturaleza. 


YOSHIHIRO SUDA. Galeria Elvira González Madrid, 2017

Es mandatorio el acercarse, agacharse, tirarse al suelo si hace falta para poder contemplar estas delicias artísticas. Para Suda las esculturas son intervenciones, superposiciones sutiles a un espacio existente. “Cada escultura es solo la mitad de la obra de arte: la otra mitad es su instalación”. De ahí reside su grandeza, el situarlas en un espacio que a priori parece vacío, produce un efecto al contrario, la experiencia es mágica, de la nada al todo, del vacío inocuo a la inmensidad. Solo bastan unos pasos y enfocar tu mirada para divisar las pequeñas flores, plantas que emergen entre dos baldosas o una hoja ya marchita y sola se convierten en grandes obras de arte. "Creo que hay muchas maneras de exponer las obras, no sólo hay un modo tradicional de ubicarlas en un espacio, en un ángulo o iluminarlas de una manera formal y estandarizada. Yo encuentro una gran variedad de posibilidades en esquinas, recovecos y espacios altos".

No son meras repeticiones, copias, reproducciones  de la Naturaleza, son trabajos que conllevan largas horas de trabajo, me recuerdan las miniaturas de los manuscritos del período medieval. Minuciosidad, elegancia, de la realidad pasas al asombro, son como gotas de escarcha que si las tocas da miedo que se quiebren. El artista japonés, talla la madera a la manera tradicional, aprendido de forma auto-didacta; herramientas como la gubia, cincel, escofina guían su mano y van modelando cada mínimo detalle de una petunia, una rosa, unos tréboles. No es un artista conceptual en el sentido clásico, no es un artista político, ni quiere defender ideas subyacentes en sus instalaciones. Su sencillez es tal – no en el sentido de no tener complicaciones, ni dificultades, me refiero más al significado de lo que se forma por uno o pocos elementos- que su único objetivo es que entremos en un mundo de irrealidad, que juguemos entre lo que es real y lo que no. Lo que si quiere es que el espectador se pregunte de nuevo que es una obra de arte, si tiene que tener un componente estético o no., para Suda La diferencia radique probablemente en el énfasis que Aristóteles ya puso en la técnica, en el conocimiento humano para producir, para crear. Es la habilidad más que la mera producción lo que para el filósofo estagirita es arte, y es este concepto de lo “artesano”, “la “artesanía” es la que representa en sus esculturas de madera. 
Pero a su vez se pregunta sobre el concepto de la obra de arte en si, elevando una pequeña planta a la categoría de arte.


CHiharu Shiota

Chiharu Shiota tiene un lenguaje muy matérico -en sentido filosófico, técnico y estético-, principalmente sus trabajos son monocromáticos, rojo intenso, blanco puro, negro azabache, sea cual sea el que elija se convierten en elemento indispensable y necesario, además de no canjeable por otro. El uso de un solo color destila pura fuerza, energía espacial y aérea. Cuando uno se enfrenta a cualquiera de sus obras, la primera percepción visual y/ó estética comienza en el mismo instante que te posicionas ante una de estas colosales obras.
 
CHiharu Shiota. Letters of thanks (2006)


La artista nipona va tejiendo con delicadeza y esmero cientos de zapatos, cartas y papeles, sillas de un auditorio desierto, largos vestidos, camas de una larga y fría sala de hospital, o incluso unos frágiles peldaños que van hacia el infinito entre otras figuras de diversa índole. Cada una de sus instalaciones parten de una primera puntada. A partir de ahí cubre los objetos o en forma lineal, trazando una perfecta y estudiada perspectiva lineal, haciendo un guiño a los estudios renacentistas, o cubriendo toda la superficie de hilos creando a su vez una nube abstracta de hilos, que por otro lado conforman miles de prismas de infinitos lados, dejando los objetos bajo un manto que impide llegar a los mismos, se vislumbran apareciendo ante nosotros como si el paso del tiempo, la soledad, la dejadez de su propia existencia, los hubiera depositado y una larva ha hecho el trabajo minucioso de tejerlos, hasta envolverlos y salvaguardarlos como hace una oruga conservando a sus crías de mariposa. El resultado, puede parecer  un intento del artista de utilizar un lenguaje mas de técnicas escultoras o pictóricas de ya siglos atrás como es el horror vacui, que entre los objetos quede poco aire que respirar, pero ¿cual es su objetivo entonces? ¿De que nos habla CHiharu Shiota? ¿Es tan solo una propuesta estética y/o artística? Las artista nipona nos hace una inteligente propuesta: que sepamos leer y nunca mejor dicho entre líneas.

CHiharu Shiota. Dialogo desde el ADN (2004)

Shiota trabaja con la conciencia, con la memoria y el olvido. Ella define sus obras como instalaciones poéticas llenas de vida y de momentos que están entre sus recuerdos, de ahí preservarlos como una madeja y no dejar que entre el polvo y obstaculice sus sueños. Los hilos, entrelazados y uniendo millares de puntos son los caminos de la vida y de la muerte, las relaciones entre sujeto-objeto. Crea unos espacios particulares en los que  el espectador tiene cabida - literalmente en algunos de ellos se puede caminar bajo la telaraña - y percibir el miedo, angustia, ansiedad, silencio...

Shiota necesita de todo un espacio, Suda hace todo lo contrario, sus delicadas y mínimas plantas están inmersas en un gran espacio. Pero ambos nos hacen pensar, reflexionar y cuestionarnos a veces preguntas sobre nosotros mismos y nuestras percepciones, pero lo que no cabe ninguna duda es que en cualquiera de sus obras encontramos arte,  poesía y mucha belleza espiritual.


Chiharu Shiota. In silence (2009)



YOSHIHIRO SUDA
CAMPANILLA (2017) Galería Elvira González















viernes, 12 de enero de 2018

Ignacio Fortun


Recientemente visitando Zaragoza, descubrí a un artista que merece algo más que unas palabras para definir su obra. Se trata de Ignacio Fortun, oriundo de Zaragoza, donde comenzó su carrera artística y mantiene su residencia. Comenzó su andadura en los años 80, una primera etapa rabiosamente figurativa, de carácter muy expresionista en cuanto a carácter, color y por adquirir una postura mas intuitiva y subjetiva del arte, en la que el artista adapta y moldea su realidad mas cotidiana en hacer una critica muy personal e irónica de ciertos estamentos de la sociedad.
A finales de los 80 da un giro a su carrera, y trabajará de una forma muy poética y especial el paisaje, desde un punto de vista muy emocional, seguirá experimentando , observando y estudiando éste bajo un prisma de intimidad; será a partir de 1997 que retoma de nuevo su ciudad, su barrio, y comienza a realizar pinturas de nuevo realistas y figurativas dentro del denominado paisaje urbano. Para ello retoma todas aquellas estampas de su barrio y las reinterpreta. Lo más destacable e importante de esta etapa es que cambia de soporte pictórico, cambia el lienzo por soporte metálico, material que permite al máximo jugar con la luz, y este hecho significará una búsqueda constante en toda su obra a partir de ese momento hasta nuestros días. 

Triptico (1984)

Cuando visualizas por primera vez su obra sobre planchas de zinc, desde lejos, no sabes bien si se tratan de óleos o no, lo que ya se deslumbra son la increíble gama de luces y sombras, y como unos toques de color dan una perspectiva muy profunda de las imágenes. A priori, utiliza las planchas de zinc como un grabado tradicional, trabajando con incisiones, con aplicación de ácidos y pigmentos, en los que va y viene, es decir, va limpiando y aplicando, el ácido va cumpliendo su cometido instalándose a veces aleatoriamente y lo que se desprende son fuentes de luz que en unos casos parecen naturales de la propia escena que representa.
Durante todos esos años trabajará el paisaje, la figura humana desaparece totalmente de su obra artística- Será a partir de 2009 cuando de nuevo incluirá personajes en sus obras.

Bar el Pozo 2004

Una vez mencionada las diferentes etapas por las que pasa la trayectoria artística del pintor aragonés, me centrare en la primera y la ultima, no por que no haya encontrado motivos suficientes en las otras tres restantes, sino porque tanto la primera, como la ultima si han despertado en mi una mayor atención.

 
¿Quieres peras o melocotón? 1983

Sus primeros pasos en la pintura se mueven por un lenguaje figurativo, para algunos estos primeros trabajos se acercan al realismo mágico, para otros son pinturas muy realistas e incluso rozando al hiperrealismo - no tanto en su factura, pero en si en la amplitud de detalles-, aunque también podríamos  encajarla dentro de un genero como es la pintura costumbrista. ES un hecho que durante seis años retrata todo aquello que pertenece a su vida, su entorno, no es baladí que lo mismo toca un tema religioso, que representa una escena domestica familiar, que retrata a las prostitutas como si fueran su vecina del quinto. Un ejemplo de ello es el cuadro Una puta embadurnada de Nivea (1983) donde nos muestra a una vulgar puta -sin ningún animo de ofender-, en un encuadre totalmente clásico, sentada, al fondo a la derecha a modo de ventana renacentista, se vislumbra parte de la ciudad.. La mujer, toma el sol y para ello se sabe que anteriormente se ha bajado los tirantes y deja entrever sus pechos, - acto  que por otro lado es muy natural y que toda mujer hemos hecho alguna vez -. Es una situación normal, es mas, el hecho o acción de tomar el sol no es lo que llama la atención, es el lugar, ese pedacito de balcón que encierra tantas verdades y tantas realidades de la vida. SI, ella es puta,  primero porque el titulo del cuadro ya te predispone, pero también por la desfachatez del cuerpo, la grosería, el excesivo maquillaje del rostro. Esta mujer que a priori es de vida fácil, tiene en su terraza una virgencita que la protege,  decora la pared y la corona a ella, !Es puta, pero creyente! Y por que no? Pero también es ama de casa, la fregona, el suavizante de ropa, la basura las sabanas y almohadas ventilándose en la ventana tras una noche de trabajo, que seguramente no de deseo... Son quince minutos, quizás treinta de descanso en la que una puta, una mujer creyente, una ama de casa, una mujer al fin y al cabo cierra los ojos y reposa y tal vez sueña... En fin, Ignacio en tan solo esta pequeña acción nos esta contando una historia que va mas allá de la realidad dentro de muchas historias que suceden en barrios de clases muy humildes de cualquier ciudad.

Una puta embadurnada de Nivea 1983

Ignacio muestra en esta primera etapa asuntos importantes y significativos en su vida, la religión, la familia, el pulso de la ciudad, más concretamente su barrio, el vecindario, la normalidad o no normalidad de la vida cotidiana y/ó doméstica, con personajes habituales y cercanos a su propia existencia.  Es la cruda realidad, tal y como el la ve pero bajo unas pinceladas un tanto irónicas, que tal vez para algunos se conviertan en irreverentes como es el caso del Tríptico del Milagro (1984), en el que los papeles se revierten y los santos bajan a la tierra, ó las “señoritas de compañía” adquieren el nivel de santa al ponerlas en un pedestal, de ahí la imagen de la mayor autoridad eclesiástica, un obispo con su tiara y demás elementos representativos, pero eso sí, dándose un buen baño de pies en un simple barreño mientras come un también vulgar bocadillo de salchichón por poner un ejemplo. 

 Y así desde sus comienzos hasta su trabajo actual, entre sus vida vecinal, y sus idas y venidas a Madrid, sus viajes, sus paradas en pensiones baratas han ido configurando un escenario propio. Tanto entonces como ahora en el fondo hay un residuo de soledad, melancolía, son lugares que caen en lo fantasmagórico, algunos rozan la ciencia-ficción.


Desde 2005 hasta nuestros días su lenguaje plástico está claramente encauzado y claro; domina el soporte sobre placas de zinc. Al artista aragonés le gusta trabajar en serie, así tres de sus últimas series como son Tránsito (2005-2006), Mediterráneo (2005-2009) y Los Nadadores (2011 – 2016) son claro ejemplo de su propuesta artística. Cito en particular, la primera y la última porque vuelve a incluir al ser humano en sus relatos. Pero esta vez, los personajes no cuentan tantas historias, son parte del escenario, del paisaje elegido. Son humanos con un aurea irreal, mágica, desoladora en algunos casos. Ya no son tan descriptivos y detallistas en su representación, lo importante es la esencia y el alma de estos personajes que están muy presentes, aunque nos aparezcan de espaldas, de perfil, nadando… la esencia y el alma están ahí, bañados por una luz intensa en algunos casos y en otros en penumbra, pero todos ellos son reflejo de una búsqueda interior y muy particular del artista. La luz, podríamos decir que es la que marca cada secuencia y cada escena de su obra, Ignacio tras casi tres décadas de trabajo ha conseguido captar las luces y sombras (ideal por otro lado tan barroco) para mostrarnos la vida así, como el la ve, el amanecer y el anochecer, el resplandor y la oscuridad, la vida y  la muerte, el día y la noche. 

   

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lita Cabellut, artista visceral y apasionada


Si mis pinceles no pudieran hablar,
 Si mis pies no fueran capaces de dar un paso adelante o volver
 para ganar perspectiva en lo que veo, Si en mi cabeza la confusión y la duda no reinaran, si no lloro, me río.
 Si no estuviera deslumbrada por el blanco y conmovida por el añil,
 qué soledad tendría conmigo misma.
(Lita Cabellut)


Hay pocas veces que un artista deja impasible la mirada del espectador.

     Hay artistas que trabajan la belleza exterior, hay artistas que trabajan la belleza interior, hay artistas que trabajan la fealdad, hay artistas que provocan en tu interior un desasosiego infinito, hay artistas que te hacen emanar una sonrisa, hay artistas que no los comprendes, hay artistas que te sientes cómplice, hay artistas que  trabajan lo femenino, hay artistas que trabajan lo masculino, hay artistas que trabajan el género del retrato, hay artistas que trabajan en el paisaje interior de un colectivo, hay artistas que trabajan la materia, hay artistas que trabajan el color, hay artistas que trabajan las texturas, hay artistas que trabajan con fotografía, hay artistas que trabajan la escultura, hay artistas que trabajan en instalaciones, hay artistas que trabajan con decorados de obras de teatro, opera, hay artistas reflexivos, hay artistas libres, hay artistas académicos antiacadémicos, hay artistas que aman su trabajo, hay artistas que desde el dolor se emancipan y gobiernan sus vidas, hay artistas que comparten, hay artistas que se guardan y salvaguardan del odio, hay artistas realistas, hay artistas abstractos….. ¡hay artistas que….! Todo esto y mucho más es parte identificativa de la obra de LITA CABELLUT.


El tulipán Negro 2014

     Escribo su nombre en mayúsculas, porque es una artista en mayúsculas, y me refiero a que es una artista a lo grande en muchos sentidos, Lita trabaja con grandes formatos: la mayoría de sus obras plásticas son de metro y medio por dos metros, pero también los rostros y figuras humanas son inmensas en cuanto a su impactante gestualidad, poder de la mirada y de una fisicalidad desmesurada. Lita Cabellut es metafísica pura. Lo bello, lo feo, tal y como lo tenemos aprehendido, en Lita no tiene la mayor importancia, son cualidades “non” destacables del ser humano. Lita le da una vuelta de tuerca a estos conceptos y los convierte en propios;  racial y no sólo de género, en cada poro de sus personajes se cala sus orígenes gitanos, mostrando una fuerza interior poderosa e inigualable.Su obra es bizarra -en el sentido de valiente y arriesgada-, y sus diferentes temáticas, siempre claro está partiendo de la figura humana, o más bien de personajes conocidos, o re-inventados por ella, nos hablan de algo más que del arte del retrato académico, son una mezcla de la psicología del personaje aunada a la de la propia artista, de ahí que esas miradas y poses tan intensas reten, desafíen al espectador, pero sin ápice de agresión. Cada obra, sea bien aislada, o perteneciente a una serie, Lita los aborda desde su “yo” personal, desde sus entrañas,  muy lejos de la desidia y la modorra de lo establecido, de la rutina insulsa y pertinaz. No es una retratista al uso, narra con sus pinceles y a través de sus personajes elegidos, documentos de vida, es su forma de plantear en forma de hagiografía sus lienzos.





Dried Tear 2014

     Pero sin lugar a dudas, Lita es una artista que ha conseguido ser reconocible, creando un estilo propio y singular que la hace tan diferente y original. desde sus comienzos hasta su obra mas reciente siguen un hilo conductor en cuanto a tratamiento pictórico se refiere. Mas allá de resultados bien figurativos, bien abstractos, la peculiaridad de su trabajo radica en el manejo las texturas y la profundidad en las obras , para ello durante años ha investigado y trabajado en una solución para sus fondos. Lo consigue mediante una técnica conocida como “cracking”, con arcilla como catalizador, en que la naturaleza orgánica de los materiales se descompone. Le suma el impasto expresionista que produce grietas por donde guiar el ojo más allá de lo visible. Las figuras están envueltas en un manto craquelado de pintura que le transfiere un aspecto antiguo, usado y ajado por el tiempo, parece como si de una piel se tratara; curtida y con cicatrices, que en muchas de sus obras son acordes con sus personajes, muchos de ellos extraídos de la historia y que Lita Cabellut refleja su gran admiración y personal homenaje a los grandes de la pintura, Velázquez, Zurbarán, Rembrandt, Bacon entre otros. Lita se apropia de sus obras y las reconvierte y renueva de tal manera, que ante cualquiera de sus retratos notamos la presencia de ambos artistas, es decir, presente y pasado, pasado y presente unidos pero si cabe dotados con mayor personalidad y carácter.


 CAMARON

     El lenguaje pictórico utilizado es de tintes realistas con fondos muy gestuales, pictóricos, que remiten al expresionismo abstracto de Pollock, -en su gestualidad,-  son su  vehículo para adentrarse en lo más intimo e interno del conocido-desconocido.
Quiero hacer incapié en tres artistas que a mi juicio se asemejan en su registro estético, independientemente de la personalidad y autenticidad de cada uno de ellos. El primero es Lucian Freud, el artista londinense retrata como nadie la vulnerabilidad del cuerpo usando como medio una carnalidad matérica, la fuerza que generan sus personajes, se encuentran también en los de Lita.
El uso de espacios, la forma de trabajar la luz, el sonido, la musicalidad de la pintura me lleva a pensar en la forma en la que Miquel Barceló, otro artista multidisciplinar trabaja lo que se conoce en pintura como celaje o fondo de una forma Neoexpresionista con grandes formatos y gran cantidad de masa pictórica.
Por último, la manera de representar las heridas de la vida, las cicatrices de la piel, la dureza de la vida, me conduce a revisar la obra de la artista inglesa Jennny Saville,  heredera de la Nueva figuración de los años 50 y 60, perteneciente al grupo Young British Artists, ambas tienen una forma parecida de visualizar a la  la mujer de hoy día, sin ningún tipo de idealización, sin buscar la belleza, sólo la veracidad, realizando paisajes en sus rostros y cuerpos.


Miquel Barceló           Lita ante una de sus pinturas

     Entiende la expresión artística como un acto muy íntimo y pasional “viene de algo muy profundo“… “El Arte es delirio y hay que dejarse llevar por él“… “El Arte se escupe“… “Por encargo no retrato ni al Rey”…  y reconoce como principal influencia a Camarón de la Isla “de quien más he aprendido” por encima de pintores y escultores.


Jenny Saville  / Lita Cabellut Impulse 10 (2010)

     Pero no sólo Lita trabaja en el campo de la pintura, como mencioné anteriormente es una artista multidisciplinar, produce obras escultóricas, instalaciones - que merecen otro texto-; Artista incansable, su último trabajo de agosto 2017: Lita Cabellut estrena con La Fura dels Baus el montaje de “Le siège de Corinthe” (El asedio de Corinto) en el Festival Rossini de Pésaro. Como hiciera Chagall en 1967 con “La Flauta Mágica” en el Metropolitan Opera de NYC, Lita ha elaborado los decorados, el vídeo y el vestuario del montaje, junto a 10 grandes lienzos que ha pintado para la ocasión. Una desbordante escenografía para la historia bélica y de amor de Rossini en que los vestidos de Lita son obras maestras que arropan a los protagonistas como una segunda piel cuarteada por el paso del tiempo.